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domingo, 13 de noviembre de 2022

LOS CAÑONES “EL NIÑO Y LOS LEONES”


POR TOMAS ZAPATA BOSCH


PROLOGO.- Hace unos días estuvo mi Doma-Dora, mi adorada Dora María,
compañera de vida, mama de mis “terribles bendiciones” y “adorado
tormento”, por la Iglesia de San Román, de la cual -tengo que reconocer- nos
alejamos cuando la pandemia y tenemos que regresar a la brevedad; pero en
esta ocasión, fue acompañada de Roxana Arceo para realizar algunas de las
obras que le heredo a mi mama y que le inculco cuando la tomo bajo su cobijo
nuestra queridísima y respetada Doña Hilda Adam, en la Iglesia de “San
Roque”, mejor conocida como “San Francisquito”; pero el tema es que
estuvo Dora por el pequeño museo que se encuentra en la parte posterior
del templo y le pregunte que le habían parecido los “cañoncitos” que ahí se
encontraban, expuestos al publico y su respuesta fue: ¿Cuáles cañones? Yo
no vi nada; por lo que obviamente la increpe con esa valentía que me
caracteriza y la cuestione: ¿Qué como era posible que no hubiera visto los
cañones? Y peor aun: ¿Qué no conociera su historia y el trabajo periodístico
de su marido para recuperarlos para los campechanos y la feligresía de San
Román? Así que en estos días me daré mi vuelta solo para constatar que aun
están ahí, pero una vez mas les recuerdo esta bella historia de periodismo de
investigación, con la que comencé mi carrera hace ya mas de cuarenta años.


EL INICIO.- Hace unos pocos años fui invitado por mi amigo el abogado,
filosofo, “cañonologo”, periodista e historiador Alejandro Mac-Gregor
González, a brindar una charla sobre los pequeños cañones o “culebrinas”
denominados “El Niño” y “Los Leones” que eran disparados para la feria de
“San Román” en honor al milagroso “Cristo Negro”, específicamente sobre
una campaña periodística que realicé cuando colaboraba en el periódico
“Novedades de Campeche” hace ya muchos años bajo la dirección del
legendario Don Ricardo Hernández Cárdenas y mediante la cual, con la
colaboración del periodista Ricardo del Rio Rodríguez, mejor conocido
cariñosamente como “Picorron” logramos la recuperación de estas dos
piezas de artillería que se encontraban en manos de un coleccionista
particular de manera irregular.


EL INICIO DE TODO.- Todo comenzó un día en que Carlos miguel Acosta de la
Cruz, a la sazón jefe de redacción del citado medio de comunicación, me
mando a realizar periodismo de investigación sobre diversos tópicos de la
ciudad de Campeche, para darle notas de interés a nuestros lectores pues yo
hacia mis “pininos” como columnista en las prestigiadas paginas de ese
periódico en donde mi columna salía publicada debajo de las “chácharas y
perlas” del también legendario periodista Oscar Alberto Pérez García, mejor
conocido como “el Campechano” y me fui a la calle en busca de la “nota”
tratando de encontrar una que fuera lo suficientemente interesante para
atraer la atención del publico.


Un poco desanimado después de recorrer calles y personajes, solo tenia
historias y mas historias, -muy interesantes-, pero sin vigencia para esa época
y así se lo comente al Dr. En derecho Xavier Hurtado Oliver, quien era mi
“mentor” en el despacho de su propiedad ubicado en la mera entrada del
tradicional barrio de San Román. “¿porque no investigas donde quedaron El
Niño y Los Leones?” -me dijo muy serio Don Xavier, vestido impecablemente
de blanco, por lo que todo mundo pensaba que era Doctor en medicina, al
grado de que hay una simpática y verdadera anécdota con “Matías” aquel
icónico repartidor de periódicos que todo mundo conocía, pero esa es otra
historia que ya le platicare cuando haya oportunidad.


PERIODISMO DE INVESTIGACION.- Pues con mi nueva encomienda Salí a la
calle sin la mas mínima idea de por donde comenzar y me fui a la iglesia a ver
al padre Sergio Hernández, quien era el párroco y me dijo que los
“cañoncitos” eran herencia de la colonia y donación de un capitán llamado
Pedro Ramírez, que habían perdurado y eran usados por los “colaboradores”
para “tronarlos” en honor al cristo negro cada año, así que me fui a casa de
don Agustín García el conocidísimo “Chuperete” y de don Efrén Cruz,
miembros del Gremio de colaboradores quienes amablemente me recibieron
y me dijeron que estos eran guardados en las instalaciones del “sindicato de
cargadores y alijadores del puerto de Campeche” que estaba sobre la calle
61, a tres casas de la mía -y en donde por cierto había una “mata” de
deliciosas almendras-, pero este local había sido demolido pues sus nuevos
propietarios pensaban usarlo como estacionamiento, -como funciona hasta
la fecha-, por lo que -obviamente- ya no se encontraban en ese lugar y nos
dispusimos a buscar a algunos de los viejos miembros de ese gremio.


Afortunadamente el “Tractor” y algunos otros se habían trasladado al otro
sindicato cuyo local se localiza físicamente sobre la calle 8 a pocos pasos del
primero y ellos nos dieron una idea de donde pudieran encontrarse.


Para todo esto yo ya había publicado mis primeros artículos sobre el tema y
efectivamente había levantado ámpula y el interés de la sociedad, pues el
teléfono de la casa paterna no dejaba de timbrar con gente que me daba
datos y referencias sobre donde estaban en ese momento los cañoncitos.
Al ver el “alboroto” que se había armado, el director del periódico instruyo a
mi jefe directo Carlos Miguel Acosta, de asignarme un reportero de “primera
plana” que resulto ser mi amigo el talentoso Ricardo del Rio Rodríguez, quien
al día siguiente a ocho columnas “cabeceo” el nombre del coleccionista
particular que tenia en su poder las piezas de artillería ¡y… estallo el
escandalo!, pues era un conocido miembro de la sociedad Campechana que
se los había “comprado” -según el legalmente- a la directiva del sindicato de
“cargadores y alijadores” aunque no eran de ellos, sino solo los tenían en
“custodia”. Dos días mas de notas de primera plana de Ricardo y artículos de
fondo de este escribidor y el personaje en cuestión -cuyo nombre me reservo
ahora por respeto a su familia, pues ya falleció-, me hizo una llamada
telefónica a mi casa en donde pedía hablar con Ricardo y con un servidor, lo
cual hicimos a primera hora del día siguiente acompañados del notario
publico Don Agustín Ortega Márquez, contratado por el periódico, -quien por
cierto es otro icónico personaje de la historia de esta ciudad- y ahí el
coleccionista acordó entregar los cañones a quienes nosotros dispusiéramos
y así lo consignamos en las paginas del rotativo y estallo otro “maremágnum”
pues resulta que todo mundo los quería: El INAH, el archivo de la ciudad, el
cronista etc. y decidimos con el director del periódico, Don Ricardo
Hernández, Carlos Miguel Acosta, el Padre Sergio y con la orientación legal
del Dr. Hurtado Oliver, entregarlos al INAH como marcaba la legislación
correspondiente.


EL SINDROME DE PROCUSTO.- Como usted se imaginara estimado lector,
estaba este humilde escribidor “hinchado” de orgullo por el éxito de la
campaña periodística, hasta que me “bajaron” estrepitosamente de la
“nube” en la que me sentía, así que le cuento: A la altura de donde hoy esta
el restaurante “Marganzo” nos encontramos Ricardo y yo a un conocido
funcionario de aquel entonces que pretendía quedarse con los cañones y nos
amenazo: “ni se crean, ni que se les suba, acá en Campeche a los que se pasan
de “lanza” habemos quienes los bajamos a madrazos” -Nos dijo con cara de
pocos amigos antes de irse y durante los siguientes 10 minutos -al menos-,
tanto mi compañero como yo quedamos estupefactos (no encuentro otra
palabra) pues no dábamos crédito a lo que acabábamos de vivir; pero sin
duda alguna, nos dejo muy en claro como se manejan las cosas en este
Campeche nuestro.

Así que una vez repuestos, decidimos continuar adelante
sin importar lo que nos sucediera y si, efectivamente, tengo que reconocer
que el “síndrome de Procusto” es una triste realidad de nuestro estado, pues
mucha gente trato de minimizar -o incluso desaparecer de los anales
históricos- nuestra hazaña periodística; aunque nosotros guardamos en lo
mas profundo del alma, la satisfacción del deber cumplido con la sociedad.
Por un articulo del destacado y talentoso cronista del municipio de
Campeche, Don Aarón Enrique Pérez Duran, me entere que, en su libro
publicado sobre el barrio del Cristo Negro, mi amigo Don Manuel Escoffie,
olvido el “pequeño” detalle de la “campaña periodística” y estoy seguro de
que a la edad de redactarlo la memoria le fallo, porque al parecer si
menciona mi nombre, pero en otro contexto que no recuerdo haya sucedido.

En fin, “gajes del oficio” y como estas acciones, hay muchas mas a lo largo de
mi vida de las que me siento muy orgulloso, aunque nunca vayan a ser
reconocidas públicamente, pero eso es lo que menos importa.
Afortunadamente investigadores concienzudos de la historia reciente de
Campeche como lo es Don Alberto Ceballos González, han publicado en
reiteradas ocasiones la verdad de los hechos y consignado nuestra lucha y
trabajo en favor de la sociedad. Pero -insisto- el reconocimiento publico, es
lo que menos me interesa.

LA ENTREGA DE LOS CAÑONES.- Con la Fe publica de Don Agustín Ortega y la
presencia de destacados campechanos como Carlos Miguel Acosta y Ricardo
del Rio, se hizo entrega al INAH de la custodia de los “cañoncitos”, aunque
posteriormente los entregaron al archivo general del estado y este a su vez
se los dio a los colaboradores de la iglesia de San Román los cuales fueron
“disparados” algunos años mas para “solaz” de los asistentes a los festejos
del patrono; pero el constante peligro de manipularlos para dispararlos y lo
estruendoso de su explosivo sonido, obligaron a la parroquia a ponerlos a
buen recaudo, aunque hasta el día de hoy permanecen en el pequeño museo
que se encuentra en la parte posterior del Templo del Santuario del señor de
San Román.

EL PODER DE LA “PLUMA”.- El episodio termino con satisfacción para todos,
menos para el coleccionista aun cuando publique un articulo final en el que
reconocía el valor civil de este personaje y dejaba en claro que había sido
comprador de buena fe y que también con buena fe había actuado al
devolverlos a la sociedad y ahí me di cuenta del poder que tiene la “pluma”
y que así como se podían lograr cosas buenas y positivas, también se podía
hacer mucho daño a gente que, -con, o sin culpa-, eran señaladas por quienes
nos dedicamos a “garrapatear” textos; y eso, -como el lamentable suceso de
la amenaza-, marcaron mi vida para siempre; pues he intentado no hacer
daño a absolutamente nadie que no se lo mereciera al ejercer mi derecho a
la libertad de expresión; aunque desafortunadamente, luego nos
equivocamos, pero siempre hay que tratar de rectificar y ser justos con todo
mundo.

lunes, 29 de agosto de 2022

Lo que dice la gente


POR TOMAS ZAPATA BOSCH


CARLOS REYES ALPUCHE “CHICHAN”

¡CAMPECHANO UNIVERSAL!

 

HOMENAJE A TODOS LOS QUE SE NOS ADELANTARON. - El pasado miércoles por la tarde sonó mi teléfono y era la llamada siempre grata de mi amigo y hermano Carlos Lenin Reyes Lezama, para invitarme al homenaje y develación de una placa conmemorativa en honor de los compañeros periodistas que se nos han adelantado en el camino, que se llevara a cabo hoy, en la plaza de la libertad de expresión. En esa llamada me recordó también que hoy se cumplen ya cinco años de fallecido de mi querido maestro y amigo Don Carlos Reyes Alpuche, mejor conocido como “Chichan” y nos reunimos para recordarlo a el, y a todos nuestros hermanos, con el afecto, respeto y admiración que se merecen todos ellos.

 

¿Quién HEREDO A QUIEN?.- A “Chichan” me lo “heredo” mi papa. A ver, déjeme contarle que si bien era mucho mas chico que Don Roberto Zapata Cartaya, -mi bien amado admirado y recordado papa-, por alguna razón se convirtieron en compañeros de francachelas y recorridos cantineros por toda la geografía citadina, en aquellas épocas que comenzaba uno la fiesta con el “Tío Mingo Lara” en el rincón colonial o el “Cuauhtémoc”, y la terminaban en el “camarón inquieto” de Don Vladimiro Magaña, pasando por “ojo e pulpo”, El “aguacate”, Chucho Acal en “el compadrito”, “Giovanni” etc; e incluso, en no pocas ocasiones fue mi posterior compadre, protagonista de riñas en las que en alguna oportunidad salió en defensa de mi papa. Pero todo por “servir se acaba” y llego el momento en que mi papa se retiro de esas épocas de gloria del culto a Baco y me dejo como responsabilidad acompañar a “Chichan” a la par que hacia yo mis “pininos” en el periodismo y el acababa de regresar de la ciudad de México, en donde fue reportero del periódico “El Día”, junto con su hermano y amigo Oscar Alberto Pérez García, mejor conocido como “El Campechano”, cuando ese periódico era dirigido por el celebérrimo periodista campechano Don Javier Romero. Chichan tenia en ese entonces la corresponsalía de la revista “Alarma” en el estado y yo era jefe de prensa de la policía, así que hacíamos buena mancuerna y recibíamos en esta ciudad a su director Don Carlos Samayoa Lizárraga, al que atendíamos a cuerpo de rey. Luego mi compadre fue jefe de prensa de la procuraduría general del estado, porque el jefe de la policía judicial era su también hermano y amigo el legendario policía campechano Don Eleazar Herrera Patrón, quien fuera alto mando del entonces servicio secreto de la policía capitalina.

 

LOS FESTEJOS PANTAGRUELICOS.- Con Carlos Reyes Alpuche, tengo decenas y quizá cientos de anécdotas, todas ellas mas que simpáticas, pues fui algo así como su asistente para la organización de las festividades que hacíamos en la sección 27 del sindicato nacional de redactores de la prensa; al grado, de que en una ocasión al calor de las copas y después de que había salvado la vida cuando un “astado” de la ganadería del comandante “Pinkus”, en su centro recreativo para adultos que se encontraba ubicado detrás del estadio “Nelson Barrera”, por poco y me “coge” un toro, pues su cornamenta quedo justo a un milímetro de mi pecho, enterrándose en la barda que rodeaba el lienzo taurino que ahí se encontraba. De ese calibre eran nuestros festejos y ahí esta la grafica de mi queridísimo Don Eduardo Hernandez, “El Chocho”, papa del “niño”, para el recuerdo. Ese día estuvieron con nosotros Don juan José Prado de Televisa, Felipe Milpa de Imevision; el “cangrejito” como le decía “Chichan” al entonces líder nacional del sindicato don Mario Cedeño, por la deformación que tenia en una de sus manos, que venia acompañado de nuestra paisana avecindada en el DF, pero de ascendencia Campechana y estrella del cine nacional Doña Rosita Bouchot y muchas otras leyendas del periodismo nacional.

 

PARA EL ANECDOTARIO.- En una ocasión fuimos en nombre de la dirigencia nacional del sindicato a darle posesion a la directiva en el estado de tabasco y al llegar nos quedamos en el hotel “Chocos” si mal no recuerdo y por alguna razón dejamos el automóvil en la calle y que nos dan “cristalazo” y nos roban durante la noche todas nuestras maletas, documentos y demás cosas que traíamos adentro y que no habíamos bajado por la hora y lo cansados -por no decir chumados- que habíamos llegado en la madrugada y que nos vamos al ministerio publico a denunciar y de ahí llamamos por teléfono al compañero que iba a tomar posesión como secretario general del sindicato de apellido Domínguez, quien nos dijo que no pusiéramos la denuncia que el llegaba en pocos minutos. Y así fue, en muy poco tiempo llego acompañado de un sequito impresionante… guaruras, varias guapas damas, 2 enanitos (personas de baja estatura para los “sentidos”) y 4 fortachones que cargaban detrás de todos dos neveras con hielo, cerveza, aguas y cocas y por supuesto botellas en abundancia de “Bacardi” y “Don Pedro”; que llega don Domínguez y sus asistentes le sirven en pleno ministerio publico un trago generosamente rebosado de “bacacha” a las 7 de la mañana y para nosotros 2 cervezas pa la cruda, ante la atenta mirada de agente del ministerio publico que se desvivía por atender a nuestro anfitrión y de paso a nosotros mismos. “No necesitan demanda” -nos dijo muy seguro de si mismo. –“a ver fulano” le dijo a uno de sus achichincles, ve que se resuelva esto y que les traigan sus cosas a los señores” mientras nos pedía que nos trasladáramos a su casa para poder atendernos con mayor libertad y resulta que era algo así como una “cuartería” con varios salones de fiestas, cuartos de seguridad y sabrá dios cuanta cosa mas, custodiada por unos tipos mal encarados con armas largas y el pistolón fajado a la cintura.

No habían pasado ni dos horas cuando nos trajeron todo lo robado y de paso- como en las películas- traían los “guaruras” amarrados a dos mozalbetes que casi lloraban pidiendo clemencia y el “padrino” -por llamarle de alguna manera- se volteo a “Chichan” y le pregunto: -“que castigo les ponemos don Carlos, usted decide” y Chichan con esa magnanimidad que lo caracterizaba, -y midiendo las consecuencias de sus palabras- le pidió al “padrino” que los dejara ir, lo que este hizo no muy convencido. –“vas a arruinar mi reputación jefe” le dijo reclamando medio en broma” “y van a querer hacer lo que quieran” nos dijo y como para sus adentros repitió: “es malo ser bueno”.

No ahondo mas en este viajecito porque hay muchas partes que todavía no son “anécdota”, pero ahí conocimos a “la mayor”, una dama que era elemento de la entonces temible Dirección federal de seguridad, (DFS) con la que tuvimos otra anécdota, pero esa historia se las platico despues, y pasamos una semana sumergidos en el alcohol y en excesos inimaginables, pero a final de cuentas nos acordamos a lo que íbamos y finalmente le dimos posesión como líder del sindicato a semejante truhan, que siempre que íbamos a tabasco nos daba trato de dignatarios.

 

MI MAESTRO, COMPADRE Y AMIGO. - Chichan se convirtió en mi compadre cuando fui padrino de XV años de la “Constitución”, bueno así le decía el a su hija Elia María de Lourdes, que nació precisamente un 5 de febrero en que se celebra el día de nuestra carta magna. También “compadreamos” con Don José Rafael Lavalle Pinzón, gran amigo del alma de mi compadre quien también acudía al llamado para acompáñalo en alguna de las “fases” de su francachela. ¿A ver, como que alguna de las fases? Si es que mi compadre la “agarraba” por hasta 15 días o mas y los amigos nos rotábamos para acompañarlo y siempre me decía… “¿que paso compadre, en cual vuelta me alcanzas”? Pero abandono completamente las mieles de los excesos alcohólicos cuando fue diputado local y uso como lema de campaña “así como supere mi crisis alcohólica superare los problemas de mi distrito” y pues si cumplió: “mas o menos” y para hacer mas llevadera la culpa pues nos íbamos al popular barrio del “7 de agosto” a casa de algún amigo de su distrito y mas recientemente a “uishar” el busto de Oscar Alberto Pérez García, su hermano del alma ya que ambos se prometieron que el primero que se fuera, iba a tener que soportar que el sobreviviente “uishara” su tumba o en este caso “busto” que procuro y promovió “Chichan” para que se construyera. En mi caso, afortunadamente, Lenin heredo la parte buena de su papa y habrá que ayudarlo para que se concrete la realización de un busto de mi compadre para que pueda yo ir a escondidas en la madrugada a “uisharselo”.

 

EL PREMIO ESTATAL DE PERIODISMO. - Puedo pasarme mil líneas ágata mas platicándole mis anécdotas y muchas que le conozco a mi compadre, pero no nos va a dar ni el tiempo ni el espacio, pero si quiero recordar que el es el artífice de la creación del premio estatal de periodismo que se entrega hasta la fecha. Era diputado local en la legislatura que presidia Don Nicolás Canto Carrillo y yo suplente en la misma y en una de las comidas que se hacían con motivo del “día de la libertad de expresión”, un 7 de junio, nació la idea pues venia siempre como invitado de honor Don Javier Romero, premio nacional de periodismo varias veces, articulista de “Excélsior” y director del periódico “El Día” cuando este era uno de los mejores del país. En aquella ocasión la comida fue en el mítico “303” de Don Carmito Buenfil frente a palacio de gobierno y estaban ahí todas las “vacas sagradas” del periodismo campechano, cuyos nombres voy a omitir porque no quiero que nadie falte, ni creo que les guste la idea de llamarlos “vacas sagradas” je,  y la idea fue de Don Javier y la retomaron de inmediato Chichan y Don Salvador López Espínola “Chavito”, lo que vio con buenos ojos Don Eugenio y por supuesto Don Nicolás Canto, por lo que Chavo López dio inicio a la redacción del documento respetivo con el apoyo también de Doña Lolita Lanz quien sin duda alguna tenia una gran influencia en la vida política local. Lo demás es historia, hasta el día de hoy continúa entregándose ese premio que es un gran reconocimiento para los compañeros periodistas del patio.

 

HOMBRE DE GRAN CORAZON.- Mucho puedo escribir sobre “Chichan” pues, así como era el “vil” a la hora de defender sus intereses y de la gente que el apreciaba con su pluma, también ayudo a muchísima gente en diversas áreas y por diversos motivos. Chichan fue artífice de que muchos jóvenes periodistas campechanos fueran becados en Cuba para realizar maestrías o diplomados; propicio el hermanamiento de varias ciudades de cuba con otras mas de nuestra entidad; trajo a destacados médicos cubanos a realizar sus practicas profesionales en Campeche; llevo a innumerables enfermos desahuciados que recuperaron su salud en la isla; trajo medicina cubana para enfermos de cáncer y muchas otras dolencias. En fin, mi compadre era de los que se quitaba la camisa para dársela a un desamparado e hizo mucho bien por todo el estado; al grado, de que en el poblado de “Xkeulil” en Champotón Campeche hay por decreto del comisariado municipal el “día de Chichan” que se festeja cada año. Descanse en paz mi compadre del alma y si bien yo había venido insistiendo que por el resultado de la ecuación ocasionada por la suma de sus buenas acciones y la resta de sus pecados, estaba “tin” (o sea en el purgatorio); después que me platicara el padre Armandito Rosado Cel, quien le otorgo la extrema unción en su lecho de muerte, que se arrepintió de todos sus pecados, me queda perfectamente claro que mi compadre esta sacándole “chayo” a San Pedro para organizar algún evento de “hígados reventados” o para ayudar a alguien.



 
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