viernes, 31 de julio de 2015
El nuevo líder según Peña Nieto: los que aplican; los que están en el límite; los que se quedaron fuera
Por Gustavo Rentería a las 14:08 archivado en Columnas Nacionales José Luis Camacho | Comentarios : 0
José Luis Camacho Acevedo
El presidente Enrique Peña Nieto definió en su discurso del sábado pasado El perfil que debe tener el nuevo líder que dirija a esa vetusta organización.
Un líder con aptitudes suficientes para navegar en este México revolucionado por la nueva y pujante actitud participativa de la sociedad y la toma de poder que han hecho de la opinión pública las redes sociales.
Un líder que como prenda obligada no debe, para nada, estar señalado como partícipe, ya sea por omisión o comisión, de actos de corrupción o de señales de ineficiencia en el desempeño de alguna responsabilidad pública.
Palabras más, palabras menos, ese fue el retrato hablado que hizo el presidente Peña Nieto del prototipo de liderazgo que demanda su partido para ser competitivo ante el compromiso que tiene en el inminente 2016 de pelear doce gubernaturas; en el 2017 de resultar triunfador en la madre de todas las batallas estatales que es la disputa por el Estado de México y finalmente en el 2018 de enfrentar exitosamente una elección presidencial que será inédita a raíz de los cambios ocurridos en la forma de como resuelve ahora su intención de voto nuestro electorado.
Está visto que la sociedad mexicana cuando asume su rol de electorado, ya no solo manifiesta su rechazo a la corrupción que campea en todos los partidos que gobiernan cualquiera de los tres niveles de administración, sea la federal, la de los estados o de los municipios, con su puro abstencionismo.
Ahora los mexicanos han dado carta de crédito como representantes de su inconformidad ante corrupciones e ineficiencias a los candidatos independientes que representan la alternativa ciudadana que NO CARGA con los lastres de los vicios de los grupos y camarillas que manipulan los partidos políticos y a los candidatos que llevan eventualmente al poder.
Peña Nieto dijo que el nuevo líder del PRI debe ser joven. Que debe tener la posibilidad de comunicarse con el importante segmento poblacional de los que hace poco tiempo cumplieron los 18 años.
Y desde luego, tener capacidad de entenderse también con los millones de jóvenes que hoy tienen 17 años y que el próximo año ya podrán contar con su credencial de elector. Y relacionarse desde ahora con los que en el 2017 y el 2018 van a alcanzar el estatuto constitucional de poder votar o ser votados.
Un líder que entienda que las redes sociales se han convertido en el vaso comunicante más efectivo y poderoso del estado de ánimo nacional.
Un estado de ánimo que puede determinar de manera muy importante la intención final de voto por parte de los ciudadanos emergentes o los que estén en tesitura de considerarse todavía como representantes de los nuevos grupos por el lugar que ocupan en la pirámide de edades.
Para el caso concreto de buscar un presidente del PRI que llene los rasgos del perfil expresado por Peña Nieto en su discurso mencionado, se pueden establecer tres grupos entre los más esclarecidos integrantes del eufemístico círculo rojo del mandatario.
LOS QUE APLICAN EN EL PERFIL IDEAL:
Aurelio Nuño, Claudia Ruíz Massieu, Francisco Olvera, Enrique de la Madrid, Enrique Ochoa Reza, Fernando Aportela.
LOS QUE ESTÁN EN EL LÍMITE Y ANTE SU ÚLTIMA LLAMADA.
Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong, Alfonso Navarrete Prida, Roberto Campa Cifrián, Guillermo Ruíz de Teresa, Marcos Bucio Mújica, Ivonne Ortega Pacheco, Javier Treviño Cantú, Tristán Canales Najar.
LOS QUE YA PERDIERON EL TREN.
César Duarte, Emilio Gamboa, Manlio Fabio Beltrones, Heriberto Galindo, Enrique Martínez, Jesús Murillo Karam, Emilio Chuayffet, Pedro Joaquín Coldwell (que por cierto se consolida como el factor de poder más firme que hay en Quintana Roo) o los perdedores del 7 de junio, que además dejan gravemente endeudados a sus estados, Rodrigo Medina y José Calzada Rovirosa.
Sin embargo, todos los priístas mencionados, aun los que están en el grupo de los que, de acuerdo al perfil de liderazgo marcado por Peña Nieto, ya se les puede considerar como rebasados por la modernidad y cuyo último tren pasó en el sexenio pasado, siguen manteniendo aspiraciones presidenciales.
Dentro del sistema político mexicano la rueda de la fortuna nunca deja de girar.
Y en muchos casos sorprenden la resurrección de personajes a los que muchos daban por muertos y enterrados.
Un imponderable como el caso de la Casa Blanca o el Fracaso de la Ronda Uno, puede obligar al presidente Peña Nieto a recurrir a una carta que sea, para esa circunstancia y en ese momento, la solución política de la sucesión, ya sea en la dirigencia del PRI o en su tiempo la del candidato presidencial 2018.
Pero lo de hoy es que el perfil del nuevo líder está ya puesto en la mesa.
Esperemos a ver si la cambiante realidad nacional puede modificar esta intención presidencial y volver a remover la baraja.
Entonces pudiera aparecer como carta ganadora incluso a alguno de los que personajes que ahora ya se consideran como muertos políticos enterrados por la idea de liderazgo expresada por Peña Nieto hace apenas unos días.
Dicen que de buenas intenciones está lleno el camino del infierno.
El presidente Enrique Peña Nieto definió en su discurso del sábado pasado El perfil que debe tener el nuevo líder que dirija a esa vetusta organización.
Un líder con aptitudes suficientes para navegar en este México revolucionado por la nueva y pujante actitud participativa de la sociedad y la toma de poder que han hecho de la opinión pública las redes sociales.
Un líder que como prenda obligada no debe, para nada, estar señalado como partícipe, ya sea por omisión o comisión, de actos de corrupción o de señales de ineficiencia en el desempeño de alguna responsabilidad pública.
Palabras más, palabras menos, ese fue el retrato hablado que hizo el presidente Peña Nieto del prototipo de liderazgo que demanda su partido para ser competitivo ante el compromiso que tiene en el inminente 2016 de pelear doce gubernaturas; en el 2017 de resultar triunfador en la madre de todas las batallas estatales que es la disputa por el Estado de México y finalmente en el 2018 de enfrentar exitosamente una elección presidencial que será inédita a raíz de los cambios ocurridos en la forma de como resuelve ahora su intención de voto nuestro electorado.
Está visto que la sociedad mexicana cuando asume su rol de electorado, ya no solo manifiesta su rechazo a la corrupción que campea en todos los partidos que gobiernan cualquiera de los tres niveles de administración, sea la federal, la de los estados o de los municipios, con su puro abstencionismo.
Ahora los mexicanos han dado carta de crédito como representantes de su inconformidad ante corrupciones e ineficiencias a los candidatos independientes que representan la alternativa ciudadana que NO CARGA con los lastres de los vicios de los grupos y camarillas que manipulan los partidos políticos y a los candidatos que llevan eventualmente al poder.
Peña Nieto dijo que el nuevo líder del PRI debe ser joven. Que debe tener la posibilidad de comunicarse con el importante segmento poblacional de los que hace poco tiempo cumplieron los 18 años.
Y desde luego, tener capacidad de entenderse también con los millones de jóvenes que hoy tienen 17 años y que el próximo año ya podrán contar con su credencial de elector. Y relacionarse desde ahora con los que en el 2017 y el 2018 van a alcanzar el estatuto constitucional de poder votar o ser votados.
Un líder que entienda que las redes sociales se han convertido en el vaso comunicante más efectivo y poderoso del estado de ánimo nacional.
Un estado de ánimo que puede determinar de manera muy importante la intención final de voto por parte de los ciudadanos emergentes o los que estén en tesitura de considerarse todavía como representantes de los nuevos grupos por el lugar que ocupan en la pirámide de edades.
Para el caso concreto de buscar un presidente del PRI que llene los rasgos del perfil expresado por Peña Nieto en su discurso mencionado, se pueden establecer tres grupos entre los más esclarecidos integrantes del eufemístico círculo rojo del mandatario.
LOS QUE APLICAN EN EL PERFIL IDEAL:
Aurelio Nuño, Claudia Ruíz Massieu, Francisco Olvera, Enrique de la Madrid, Enrique Ochoa Reza, Fernando Aportela.
LOS QUE ESTÁN EN EL LÍMITE Y ANTE SU ÚLTIMA LLAMADA.
Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong, Alfonso Navarrete Prida, Roberto Campa Cifrián, Guillermo Ruíz de Teresa, Marcos Bucio Mújica, Ivonne Ortega Pacheco, Javier Treviño Cantú, Tristán Canales Najar.
LOS QUE YA PERDIERON EL TREN.
César Duarte, Emilio Gamboa, Manlio Fabio Beltrones, Heriberto Galindo, Enrique Martínez, Jesús Murillo Karam, Emilio Chuayffet, Pedro Joaquín Coldwell (que por cierto se consolida como el factor de poder más firme que hay en Quintana Roo) o los perdedores del 7 de junio, que además dejan gravemente endeudados a sus estados, Rodrigo Medina y José Calzada Rovirosa.
Sin embargo, todos los priístas mencionados, aun los que están en el grupo de los que, de acuerdo al perfil de liderazgo marcado por Peña Nieto, ya se les puede considerar como rebasados por la modernidad y cuyo último tren pasó en el sexenio pasado, siguen manteniendo aspiraciones presidenciales.
Dentro del sistema político mexicano la rueda de la fortuna nunca deja de girar.
Y en muchos casos sorprenden la resurrección de personajes a los que muchos daban por muertos y enterrados.
Un imponderable como el caso de la Casa Blanca o el Fracaso de la Ronda Uno, puede obligar al presidente Peña Nieto a recurrir a una carta que sea, para esa circunstancia y en ese momento, la solución política de la sucesión, ya sea en la dirigencia del PRI o en su tiempo la del candidato presidencial 2018.
Pero lo de hoy es que el perfil del nuevo líder está ya puesto en la mesa.
Esperemos a ver si la cambiante realidad nacional puede modificar esta intención presidencial y volver a remover la baraja.
Entonces pudiera aparecer como carta ganadora incluso a alguno de los que personajes que ahora ya se consideran como muertos políticos enterrados por la idea de liderazgo expresada por Peña Nieto hace apenas unos días.
Dicen que de buenas intenciones está lleno el camino del infierno.
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