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viernes, 28 de agosto de 2015

Los tiempos del presidente Peña Nieto: Cambios en el Gabinete

José Luis Camacho Acevedo

El presidente de la república, sobre todo en el muy especial sistema político mexicano, tiene dos variables que debe respetar en beneficio de la estabilidad nacional y de su propio fortalecimiento. Un fortalecimiento que ha contemplado siempre el presente y el futuro. Fatalmente en el 2018 Peña Nieto pasará a la importante condición de ser ex presidente.

El primer aviso de que los tiempos de cambios estaban listos para ser operados desde la cúpula del poder en México fue la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la presidencia del comité nacional del PRI.

Desde ese momento se hicieron predecibles cambios en varias secretarías de estado.

Hoy esos cambios ya son una realidad.

Sin duda el más relevante es el de Aurelio Nuño a la secretaría de educación en lugar de Emilio Chuayffett.

Además de que Nuño ya había crecido tanto que la oficina de la presidencia le apretaba un poco por la gran movilidad que le dispensaba su amigo y jefe, en ese orden, Enrique Peña Nieto, de los cambios que se anunciaran oficialmente en breve, el de Nuño es el ÚNICO que tiene un muy fuerte olor a precandidatura presidencial.

La incorporación al primer círculo peñista de una corriente política muy importante en el contexto nacional del priísmo, que encabezan Francisco Labastida y Emilio Gambo, a través de un cuadro como Enrique de la Madrid, que independientemente de sus amarres político se ha preparado muy profesionalmente para estar en aptitudes de asumir una responsabilidad pública de cualquier rango, es el segundo movimiento en importancia política rumbo al 2018 es muy relevante. Desde luego no tanto como la de Nuño, que además demuestra músculo con la incorporación de Rafael Pacchiano en SEMARNAT.

La llegada de José Calzada, movimiento que anunciamos ayer en el programa de Ciro Gómez Leyva en Radio Fórmula, a la secretaría de agricultura o a SEDESOL derrumba la tesis conspiracionista de los que propalan, como por ejemplo las gentes cercanas al gobernador de Veracruz Javier Duarte, que en junio se perdieron elecciones porque le “tenían miedo a mandatarios como Calzada, muy cercano también a Beltrones, que podría eventualmente llegar al gabinete o no los dejarían meter la mano en la sucesión 2016 que ya tienen encima.

Si Rodrigo Medina no es convocado la razón, por obvia, es más que explicable políticamente. La enorme deuda del estado de Nuevo León y el regreso de la inseguridad fueron los factores de inconformidad que dieron el triunfo a Jaime Rodríguez el Bronco.

Los ascensos de Francisco Guzmán en la oficina de la presidencia y de Renato Sales en lugar del “cansado” Alejandro Rubido, son, en el primer caso un reconocimiento a la evolución de Guzmás, y en el segundo, el de Sales por Rubido, oxígeno puro en una latitud que ya presentaba niveles de toxicidad muy altos.

Finalmente la llegada de Rosario Robles a la SEDATU es una concesión a los grupos “progresistas” de un segmento de la izquierda mexicana.

Pero la verdad es que Rosario Robles, por su controvertida trayectoria, ya no es representativa ni de grupos, ni de corrientes.

Los cambios en el gabinete llegaron de acuerdo a los tiempos del presidente Peña Nieto.
Eso a pesar de los “buenos deseos” de la mafia antipeñista encabezada por Carmen Aristegui, algunos cúpulos empresariales y Andrés Manuel López Obrador, de que Peña Nieto renuncie a la mitad de su sexenio.

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