A los mexicanos nacidos después de los años noventas, regidos por el mundo tecnológico, ya no les dice nada la celebración del aniversario de la Revolución. Para ellos, éste será un fin de semana largo de descanso, juego y diversión. De dónde vienen, a dónde van, cómo entender a su país y a su generación si desconocen su historia, reflexión que surge del tiempo en el que se da esta conmemoración, la del levantamiento de Francisco I. Madero en 1910 en que convocaría a la lucha por el “Sufragio Efectivo, No Reelección” –que ironía-, producto de una dictadura de Porfirio Díaz de 34 años. Emiliano Zapata, después, llamaría a los pueblos del sur a combatir por alcanzar el sueño de “Tierra y Libertad”, y los caudillos del norte emprenderían una gesta que daría a luz un nuevo proyecto nacional en 1917. Los cambios que vivimos en años recientes no sólo los asombrarían sino que hablan de una necesidad de transformar frente a un futuro que devora a nuestra Carta Magna, la que ya resulta insuficiente para resolver los anhelos y preocupaciones de la sociedad del siglo XXI. En una celebración peculiar, en la que el 20 de noviembre se conmemora el 16, se llega con 12 reformas estructurales, de las cuales destacan la Educativa, la Energética y la Electoral por sus repercusiones.
Este final de 2015 da cuenta de una sociedad en la que la paridad de género, en términos políticos, va, en la cátedra es una realidad –lástima que no llegó una rectora a la UNAM–, en la ciencia, en las empresas, en el deporte, en las organizaciones sociales, los liderazgos de las mujeres son un hecho. Llegamos al aniversario de la Revolución con el régimen de instituciones vigente, pero también, con la aprobación en, la reciente reforma política de la reelección de presidentes municipales, diputados y senadores para 2018, con la discusión pública de temas como la legalización de la mariguana, el aborto y la eutanasia, de la vigencia, por lo menos en el D.F., de las sociedades de convivencia y el debate sobre el derecho de estas parejas a adoptar hijos.
Las causas de este tiempo son diferentes a las de 1910: la defensa del planeta, el derecho a la conectividad para integrarse a la sociedad de la información y el conocimiento, el anhelo de reencontrarse como sociedad en comunidades armónicas, la exigencia de una vida segura, de la regulación de las redes sociales y, en este todo, la necesidad urgente de impulsar la cultura de la legalidad, porque sino cómo le hacemos para transformarnos y no seguir sumidos en la corrupción y la impunidad.

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