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lunes, 14 de diciembre de 2015

La Cueva de la Hidra / Tres milagros para México

Margarita Jiménez Urraca

“La Guadalupana, la Guadalupana…”.

Corrupción, impunidad, desconfianza, son males endémicos de México que requieren de un verdadero milagro de la Virgen de Guadalupe, a la que antier rindieron culto millones de mexicanos. Lograr una cultura de la transparencia, la legalidad y la confianza, sería un milagro más que indispensable para la salud del país a fin de lograr más inversión, más empleos bien pagados y las condiciones de seguridad que hagan posible la vida de las familias, consecuencia de lograr erradicar estos males éticos; sólo así los beneficios de las Reformas Estructurales que definen al régimen del Presidente Peña Nieto, podrán advertirse. Pero no son los únicos “milagros” que se necesitan: urgiría que subiera el precio del barril de petróleo y bajara el tipo de cambio del peso respecto al dólar –si Guadalupe, así está la cosa–.

Con todo y ser nuestro pueblo profundamente guadalupano parece ser que esta fe no ha transformado las prácticas señaladas en un actuar público y privado consecuente. Se toleran, es más, se vive la simulación, la indiferencia, la mentira en familia, en la comunidad, y así no hay manera de alcanzar los propósitos de legalidad, transparencia y confianza, condiciones indispensables del desarrollo.

Ya se ven las peregrinaciones, cada vez más, con más peregrinos –eso no cambia-, las imágenes de la Virgen Morena, la buena gente de fe, las nochebuenas, los árboles de luces de colores, quienes tienen empleo disfrutarán de aguinaldo, los que no, una amarga Navidad. Ayer los desempleados y los que no tienen nada habrán pedido un milagro.

Los brindis de los amigos, los encuentros familiares se empiezan a dar. Huele a ganas de calor de hogar, de un mejor país, de perdón, de rectificación. El 12 de diciembre como el 24 del mismo mes, son fechas en que se esperan milagros, resolver lo que hemos sido incapaces de lograr como seres humanos, como ciudadanos y gobiernos. Decía Juan Pablo II que los mexicanos son más guadalupanos que católicos. Lo sean o no, la mayoría atravesarán el Puente Guadalupe-Reyes con donaire, es decir, como mejor puedan, alegres, en estado de shock etílico-económico y esperanza. El milagro de Guadalupe persiste, el de la unidad de la mexicanidad en torno a ella; el de los sufridos guadalupanos, trabajar, creer, producir, a pesar de la realidad.

El 12 de diciembre arrancó el muy famoso puente Guadalupe-Reyes y, con él, el jubileo, la fiesta, el olvido de los problemas y los males. Con el puente festivo se da inicio a la celebración religiosa-pagana de la Virgen de Guadalupe, y los mexicanos entramos en una burbuja de evasión inacabable.

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