En medio de la crisis, tuvo que renunciar a su jefe de campaña Paul Manafort por los nexos de negocios personales con el círculo de Vladimir Putin. Trump nombró para sorpresa de algunos a Steve Bannon, que dirige la publicación hiperconservadora “Breitbart News”, promotora y seguidora de las ideas del inglés defensor de Brexit, Nigel Farange, con quien Trump y su gente se encuentran al parecer íntimamente identificados. El americanismo de Trump se hermana necesariamente con sus primos ingleses que procuraron la salida de la Unión Europea.
Por si hubiera alguna duda, Trump escribió hace algunos días en su cuenta de Twitter “Me llamaran Mr. Brexit”, para evidenciar aun más su relación con Farange y ha comparado recientemente a Angela Merkel con Hillary Clinton, por su identidad en propuestas permisivas respecto de la migración y la globalización. Hace algunos días en Ohio se aventó la puntada de decir que Hillary Clinton quería ser la Angela Merkel de Estados Unidos.
Pero falta mucho que ver en la campaña de Trump y todo apunta a que se está convirtiendo en una caja de sorpresas. La última de ellas en un giro inesperado, Trump intenta acercarse a la minoría de color, durante un evento en Michigan, arengándolos en el sentido de que están tan mal económicamente, que no tienen nada que perder. Trump se acerca así cada vez más al populismo de derecha (tal como lo entendemos en nuestro país), e iguala a trabajadores caucásicos con la gente de color, sobre la base de su situación económica.
La campaña de Trump gira así sobre dos ejes; el antimusulmán y antiinmigrante, y el económico provocado por el dispendio demócrata y la globalización. Dentro de este cuadrante pueden caber caucásicos, gente de color y latinos hijos de inmigrantes ilegales en su momento, pero que han logrado asimilarse a la cultura estadounidense y que pueden convertirse en furibundos antiinmigrantes en busca de aceptación y asimilación a un país al que ven como el símil del paraíso en la tierra.

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