Duterte concluyó que Estados Unidos no es el país indicado para hablar de derechos humanos e hizo referencia al trato que dan a los inmigrantes. Por su parte, Obama dijo que su equipo evaluaría la productividad de reunirse con Duterte ya que cada país tiene un diferente enfoque sobre la lucha anti-drogas antes de dejar la Cumbre del G20 en China y desplazarse a Laos para acudir al encuentro de la ASEAN. Ya en agosto había manifestado su preocupación por la muerte de 2,400 personas relacionadas con el narcotráfico. La Organización de Naciones Unidas y otros organismos también han denunciado que los operativos de limpieza de cárteles en Filipinas han cometido ejecuciones extrajudiciales. El director ejecutivo la Oficina de las ONU contra la Droga y el Delito (UNODC), Yury Fedotov, calificó la campaña de Duterte como una “violación de derechos y libertades fundamentales".
Ante las críticas, el filipino Duterte adelantó que “morirán muchos más hasta que el último traficante de drogas deje nuestras calles” (2) y advirtió que hará caso omiso a las presiones del resto de jefes de Estado y Gobierno que se reunirán también en la cumbre de la ASEAN entre el 6 y el 8 de septiembre.
El presidente filipino llegó al poder en junio con una popularidad del 91%, la aprobación más alta que ha tenido jamás un presidente filipino. La política anti- drogas fue una promesa de campaña, y ha llevado a la detención de 3,600 traficantes y de 120,000 adictos (3).
[3] http://www.efe.com/efe/america/portada/la-onu-denuncia-el-aumento-de-ejecuciones-en-campana-antidroga-filipinas/20000064-3003863
Fuente: Saul Loeb /AFP

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