Miguel Arroyo
(Décima novena parte)
México es un país de contrastes permanentes. Desesperanza de unos, beneficio insultante de los menos. Su peor lastre es la ignorancia y la aspiración ancestral del encuentro con Quetzalcoatl, el hombre-Dios, inmaculado que cubre protectoramente con su plumaje a un pueblo desvalido emocionalmente y con su lengua de fuego lo protege del agresivo invasor.
La ignorancia decíamos, es el lastre que impide el progreso de un país, rechaza al conocimiento y en consecuencia a la igualdad.
La ignorancia provoca esa suerte de esclavitud salarial en la que se hunde la mayoría de la población.
En China en este momento se construyen las mayores granjas eólicas del mundo, y la espectacular urbe de Chongqing es la ciudad de mayor crecimiento del orbe, con una modernidad que hace palidecer a Nueva York y a Londres. La base de este desarrollo es la instrucción de la población, el orden y la disciplina.
Mientras eso ocurre en China, México mantiene una forma de convivencia en amplias regiones, sobre los supuestos del desorden, la indisciplina y la falta casi total de una instrucción básica.
Perdidos en su confusión sectores emergentes de la nación confunden derechos con ausencia de obligaciones, igualdad con indisciplina.
El asunto no es nuevo, a principios del siglo XX mientras una élite mantenía en la miseria a la mayoría del país y provocaba una revolución sangrienta, en Nueva York, William James disertaba sobre nuevas fronteras de la filosofía y del conocimiento humano.
Así andamos por el mundo, perdidos en nuestra propia confusión.
miércoles, 13 de septiembre de 2017
¿Por qué no manda México?
Por Gustavo Rentería a las 16:21 archivado en Columnas Nacionales Miguel Arroyo | Comentarios : 0
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