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jueves, 25 de agosto de 2016

Cañazos / Necesaria nueva estructura deportiva

Arturo Bárcena Bazán*

Terminaron los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Brasil, en los que México obtuvo tres medallas de plata y dos de bronce, cantidad raquítica para un país de más de 120 millones de personas, con un alto índice de mexicanos de entre 18 y 30 años de edad, propicia para destacar en el deporte, siempre y  cuando se tenga una infraestructura total para desempeñarlo.

Dos deportistas, Guadalupe González Moreno, marchista, e Israel Marcelo Hernández Uscanga, pentatleta, habitan en Tlalnepantla y Naucalpan,  Estado de México, respectivamente, siendo Hernández Uscanga, soldado del Ejército Mexicano. Los dos reconocen el apoyo que recibieron de la alcaldesa de Tlalnepantla y del gobernador Eruviel Avila, la marchista, y de Sedena, el militar.

Germán Sánchez, clavadista que obtuvo medalla de plata, también es miembro de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Misael Rodríguez, quien obtuvo bronce en boxeo, reconoció que contó con el apoyo del gobierno municipal de la ciudad de Parral, Chihuahua y del gobierno estatal. Para hacer su viaje eliminatorio a Qatar tuvo necesidad de “botear” en los autobuses de la Ciudad de México.

Por su parte María del Rosario Espinosa, taekawondín,  oriunda de Sinaloa, obtuvo su tercera medalla olímpica, esta vez de plata.

Aquí vemos ausencia total de deportistas nacidos en la Ciudad de México, que cuenta con  más de 13 millones de habitantes.

Como vemos fueron éxitos individuales, sin contar ciento por ciento con el apoyo de las autoridades deportivas mexicanas, sean de la Conade o del Comité Olímpico Mexicano.

Se ha tratado de responsabilizar del fracaso al director de la Conade, Alfredo Castillo, un hombre no tan conocedor del deporte y sí del sector judicial, donde se ha desempeñado como procurador de Justiciad del Estado de México, Comisionado para Seguridad y Desarrollo Integral del estado de Michoacán, procurador federal del Consumidor y desde abril de 2015 director de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, al que llegó con la espada desenvainada contra la Federación de Box y contra el basquetbol, cesando al entrenador español Valdeolmillos, perdiéndose un mes de entrenamiento, que trajo consigo la eliminación de México para asistir a los Juegos Olímpicos, no obstante que el equipo nacional de baloncesto se encontraba embalado antes de la llegada de Castillo, a quien si algo se le tiene que reprochar y en la que no tiene excusa, es que el uniforme oficial de la delegación mexicana que acudió a Río fuese portado por su novia, mientras que los uniformes de los deportista  eran de diferente talla a la que usaban e incluso el que los boxeadores hayan utilizado uniformes parchados.

Bien, esto fueron los Juegos Olímpicos del 2016.Ahora habrá que pensar no en los de Tokio en 2020, sino en los de 2024, 2028, 2032 y posteriores. Para ello habrá que reestructurar el deporte. Está visto que se ha fracasado. Al frente del deporte ha habido medallistas olímpicos, entre ellos Raúl González, Bernardo Segura, Tibio Muñoz, que  han fracasado. Desde la primera medalla obtenida por Cabañas, pasando por las de Humberto Mariles, Joaquín Capilla, Alfonso Zamora, Juan Favila, Zaragoza, Rocha, Canto, González, Ramírez, Espinosa, Pedraza, Bautista, todas ellas han sido en base al esfuerzo individual de los galardonados, si acaso el futbol en Londres 2012, fue la única presea - de oro-  ganada por equipo de conjunto. ¿Qué hacer?. Se me ocurre crear un Consejo Directivo del Deporte, integrado por un periodista ¿Carlos Albert o Arturo Xicotencatl o Antonio de Valdés? un futbolista o ex futbolista destacado, pero comprometidos con el deporte; un periodista deportivo, los presidentes de las Comisiones del Deporte en la Cámara de  Diputados y Senadores y el titular del Ramo, el de Educación o algún otro  funcionario nombrado directamente por el Presidente de la República.

Primero Alfredo Castillo habrá de pedir la renuncia a todos los dirigentes de federaciones deportivas. Segundo, los gobernadores deberán hacer lo mismo con sus directores deportivos estatales y, tercero, Alfredo Castillo entregar todas las renuncias a su jefe inmediato, Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública.

Posteriormente el Consejo Directivo del Deporte deberá invitar a  los gobernadores a que les envíen una terna de la que surja el director estatal deportivo. El mismo Consejo recibirá propuestas,  las analizará y designará a los directores de las federaciones y finalmente el Congreso de la Unión designará un presupuesto acorde con los proyectos del Consejo Directivo del Deporte, el cual será auditado en forma periódica, tanto en lo económico como en lo deportivo. Este presupuesto deberá tener muy en cuenta los sueldos de entrenadores capaces, de corte nacional e internacional. Los nutriólogos son de la mayor importancia.

Es una sugerencia, pero creo que valdría la pena ser estudiada por las autoridades deportivas, educativas, federales, estatales y municipales de todos los estados del país y de la Ciudad de México, donde se carece, en la mayoría de ellos, de estructura y planes de desarrollo deportivo, desde la niñez.

* Presidente de Grupo Internacional de Asesores en Difusión, S.A.de C.V., Director de la Revista la Caña.  Correo.- abbasesoresdifusion@yahoo.com.mx

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