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martes, 15 de octubre de 2019

Debate Puntual / Presupuesto 2020, la oportunidad de la 4T

Fernando Hernández Marquina
@fhmarquina

El desempeño económico del país se ha convertido en un tema central de las conversaciones de los ciudadanos en los últimos meses. Sin ser especialistas, la mayoría coincide en que ésta es una materia que la 4T ha reprobado en lo que va de su primer año de gestión.

Si queremos debatir con datos puntuales, tenemos referentes interesantes, como los publicados por el INEGI que nos dicen que el crecimiento del PIB en el segundo trimestre del año fue de 0.0%, y el último pronóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI) disminuyó el crecimiento económico de México para el año 2019, dejándolo en tan solo .04%.

Los datos anteriores se pueden entender como resultado de las políticas macroeconómicas y sociales implementadas por la administración actual, que son marcadamente asistencialistas y no productivas, por ello no sorprende una contracción en la generación de empleo, que se encuentra en su peor nivel en los últimos 10 años (3.5% incremento en la tasa de desempleo), disminución de la inversión extranjera directa (-22%), la disminución  en el consumo privado en el mercado interior (-0.8%, el ultimo dato publicado), o  la disminución en sectores económicos estratégicos como la construcción (-1.4%).

El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2020 será un reto muy importante para el titular de la SHCP, Arturo Herrera, ya que de él dependerá poder revertir los datos incómodos en materia económica que tiene la 4T. La habilidad política y técnica de los representantes de la Secretaría tendrán que convencer a los diputados de la federación, antes del 15 de noviembre (fecha límite para su aprobación), de la importancia de reactivar la inversión pública y  fortalecer la economía nacional.

El presupuesto que México necesita debe tener como ejes el control del ejercicio presupuestal para no presentar subejercicio y que las dependencias eroguen en tiempo y forma su presupuesto; liberar del letargo a la Unidad de Inversiones, dentro de su dependencia, para que se conviertan en el motor que libere las carteras de inversión y el recurso se pueda utilizar. Esto sin duda será un fuerte impulso para mejorar los indicadores macroeconómicos, y probablemente se convertirá en un acierto para el Dr. Herrera.

Debemos entender que la responsabilidad del titular de Hacienda se ve afectada cuando debe establecer una estrategia que difícilmente el titular del Ejecutivo entiende. Lo más correcto es que el Debate Puntual del secretario Herrera se centre en identificar estos factores que tienen impacto y repercusión en el día a día de todos los ciudadanos. Sería ideal que las decisiones gubernamentales se centraran en las necesidades de una nación, y no en una agenda meramente política.

lunes, 12 de agosto de 2019

Debate Puntual / Una nueva etapa para el PRI


Fernando Hernández Marquina
@fhmarquina

El día de ayer, el Partido Revolucionario Institucional eligió al nuevo presidente de su Comité Ejecutivo Nacional. Fue una elección que atrajo los reflectores por ser la primera después de la debacle sufrida por el priismo en el 2018, y todos los aspirantes se esforzaron por mantenerse en el vox populi ya fuera entre acusaciones, señalamientos o las escuetas propuestas por darle una bocanada de aire al partido.

En el camino surgieron distintas incógnitas: algunos acusaron elecciones a modo; se señaló a Alejandro Moreno de contar con el respaldo de Palacio Nacional y de encabezar una trama para desaparecer al PRI (y, con ello, dinamitar la de por sí pulverizada oposición); todo, acompañado de salidas de personajes emblemáticos de los que, por años, fueron sus bastiones políticos.

A partir de hoy, Alejandro Moreno tiene que trabajar con lo que queda de una de las maquinarias políticas y de movilización social más importantes de la historia política de nuestra nación. En sus manos está, desde ya, la posibilidad de conformar una verdadera y necesaria oposición, que al día de hoy no existe y es primordial para el crecimiento del país, de la sociedad y de nuestra democracia.
El PRI tiene frente a sí una tarea titánica: renovarse o MORIR. Para muchos, la presidencia de Alito no es sino la “crónica de una muerte anunciada”. Es una creencia que se extendió después del desastre electoral que vivió el partido el año pasado, y que se vio alimentada por el desprestigio que sufrió la marca política más antigua del país, repudiada y desacreditada por la sociedad.
A mi parecer, las acciones del CEN deberán concentrarse en los siguientes puntos:

1. Recuperar la confianza de la militancia;
2. Construir una oposición sólida y congruente;
3. Reconstruir los comités estatales;
4. Considerar a los nuevos cuadros de jóvenes como un nuevo eje de política;
5. Tomar las riendas del partido, dejando en claro las nuevas reglas, los puntos que abandera; evitar la proliferación de tribus y pequeños cacicazgos dentro de la estructura. Habrá que unir y reunir al PRI;
6. La suma de todas las anteriores debe conformar una plataforma para encontrar un eje común y recuperar la confianza de la ciudadanía.

El PRI necesita poner una vez más los pies sobre la tierra. Más allá de una nueva presidencia, comienza una etapa de reconstrucción. Tendrá que ganar batallas, conquistar espacios, para posteriormente poder tener representación y contrapeso en la arena política nacional. Será algo que deberá llevarse paso a paso, no será fácil, e implicará todo un proceso de reflexión para tomar las decisiones más adecuadas y congruentes para el partido y para México.

A Alejandro, por el bien de la pluralidad política, la democracia y la República, le deseo una gestión exitosa; espero que reviva lo que queda del partido y lo reposicione como una fuerza política constructiva, responsable, activa y enfocada en el bienestar de los mexicanos. Le dejo esta frase que alguna vez escuché y me parece cierta y adecuada para la nueva etapa que vivirá el partido: “El priismo ha tenido grandes dirigentes campechanos”. Hoy empieza una nueva etapa para el PRI, y una gran oportunidad para Alito.

martes, 9 de julio de 2019

Debate Puntual / Que hablen los resultados

Fernando Hernández Marquina
@fhmarquina

El gobierno federal se suele presentar, en el discurso, como amable interlocutor: llama a la unidad, a evitar confrontaciones. Sin embargo, en el mismo discurso puede aventar dos o tres piedras en contra de aquellos a quienes, segundos antes, llamó a la conversación fraterna. Es tanto el poder de su discurso que, apoyado por las mañaneras, son raros los días en los que las primeras planas no se entregan al discurso oficial.

¿En verdad necesitamos escuchar y leer cada palabra que dice el presidente? A primera instancia, muchos dirán que sí. Después de todo, la voz de un mandatario da señales sobre posibles acciones que pueden repercutir dentro y fuera de su jurisdicción. Lo vemos a cada momento con Donald Trump, sus declaraciones, sus tuits, y las tormentas que desata alrededor del mundo.

Pero creo que hay algo que puede hablar más allá de toda palabra y todo discurso: los hechos. En el caso del gobierno mexicano, sus acciones deben traducirse en resultados para sus gobernados. Es ahí donde, hasta hoy, seguimos esperando que los cambios sean notorios. Todavía no se ve la confianza del sector empresarial, no se ven las inversiones ni se siente que el dinero comience a fluir hasta alcanzar el bolsillo de los ciudadanos comunes y corrientes.

Por el contrario, tenemos un empresariado que cuenta los meses, semanas o días que puede sobrevivir sin los temidos recortes, es decir, sin afectar la vida de quienes conforman y fortalecen a sus empresas. Sin la inversión privada, no existe presupuesto federal que alcance para emplear a todos los que conforman las filas del desempleo (una bolsa que el propio gobierno, con la exacerbada austeridad, ha ayudado a crecer). Ni todos los ahorros de la austeridad y el combate a la corrupción serán suficientes para alimentar y becar y brindar salud a 120 millones de mexicanos.

Esa unidad que se canta en las mañaneras, esa confianza que se pide en las reuniones con los grupos empresariales, esa fe que exigen los seguidores de AMLO, todo necesita encontrar su base en resultados tangibles. El discurso oficial continúa confrontando; suelta frases en busca de la risa empática antes que de la seriedad que requieren ciertos temas; menosprecia o desprestigia a sus interlocutores antes que construir puentes para trabajar en conjunto por el país. ¿Por cuánto tiempo las primeras planas continuarán rodeadas de la polémica y no de los logros de un gobierno que insiste en mostrarse como honesto y voluntarioso?

Los comentaristas oficiales se enfrascaron en días recientes en el tema de los bots de las redes sociales, acusando a distintos personajes de la construcción y el manejo de panales enteros de cuentas con las que, dicen, se ataca a la 4T. Curiosamente, no hablan de los enjambres con los que inflan los hashtags artificiales creados para mostrar apoyo al gobierno.

Parecería que, desde los medios estatales, se trata de acallar las voces que no concuerdan con el oficialismo, gastando esfuerzos valiosos en acciones vanas que atentan contra la democracia y la libertad de expresión, antes que enfocar el trabajo en la atención a los temas en verdad importantes: la economía nacional, el empleo, la seguridad, la salud…

Desafortunadamente, cada vez son menos evidentes las acciones que, se supone, están encaminadas en terminar con el marasmo en el que se encuentra el país. Tenemos, como una línea paralela del discurso oficial, una batería de ataques constantes que promueven la confrontación y profundizan las diferencias entre mexicanos. Ojalá, en nuestro Debate Puntual, podamos avanzar realmente hacia el fin de las confrontaciones. La verdad absoluta que grupos progobierno y opositores quieren ostentar no es más que autoengaño: en una sociedad de millones, la pluralidad de puntos de vista es algo natural. México no puede permanecer detenido mientras se define quién es el ganador de esta innecesaria confrontación. Que los resultados hablen y que el país en verdad avance.

martes, 11 de junio de 2019

El arte del (auto) engaño

Fernando Hernández Marquina

Estrategia mediática, crisis inventada, reality show… Los usuarios de Twitter en Estados Unidos que se oponen a Donald Trump no dan fe de las palabras de su presidente. Para ellos, lo que la comunicación oficial llama “crisis migratoria” es una exageración con tintes políticos y electorales, y las negociaciones con México les suenan a una simulación pactada entre ambas naciones.

Hablo de los usuarios de Twitter porque, una vez más, la arena digital fue usada como escenario para el despliegue de las amenazas políticas y económicas con las que Trump hostiga al mundo; una estrategia que, al parecer, no se desgasta y todavía le rinde importantes frutos. Los discursos del miedo, de la xenofobia, del nacionalismo, siguen vigentes entre los seguidores del presidente estadounidense, y servirán de combustible para quienes decidan ir a las urnas en noviembre del 2020 a ratificar lo que votaron en 2016.

Tenemos frente a nosotros diecisiete largos meses en los que sobrarán pretextos para amenazar con cierres fronterizos, militarización de la frontera común entre México y Estados Unidos, guerras comerciales y cualquier otra táctica que aumente la popularidad presidencial antes de las elecciones. Todo esto será posible -quedó claro con la respuesta a la reciente amenaza de los aranceles- con la venia del gobierno mexicano.

Como vecino de Donald Trump, nuestro país pelea en desventaja frente a la mayor economía del mundo, y la nueva política nacional no ayuda a fortalecer nuestra posición. Las recientes negociaciones del equipo mexicano, encabezado por Marcelo Ebrard, obligaron a un golpe de timón en la política exterior mexicana, que hoy se ve obligada a frenar en definitiva el flujo de migrantes para cumplir con los acuerdos firmados con el gobierno estadounidense.

Los términos de la negociación siguen en su mayoría en secreto, según reiteró Trump en un reciente tuit. Eso sí, mientras en México el gobierno federal celebraba la “hermandad” con Estados Unidos, el presidente del país vecino, con su usual bravuconería, aseguraba que “siempre podrían volver al esquema de los aranceles” pues es “demasiado provechoso” para su país.

Tanto Trump como López Obrador usaron a los medios para posicionar sus propios mensajes y discursos. El primero reconfortó a sus adeptos al asegurar que México “acordó comprar inmediatamente grandes cantidades de productos agrícolas” estadounidenses, generando el reconocimiento de uno de sus principales grupos de votantes.

El segundo apostó por desviar la atención con el festejo de una aparente victoria en un conflicto que se adjudicó por sí solo cuando abrió la frontera sur a las caravanas migrantes (a las que hoy intentará frenar con la Guardia Nacional, de la misma forma en la que Trump quiso frenar la migración a su país en 2018). Tristemente, para ambos pueblos, los gobiernos jugaron a la desinformación y al engaño. ¿O será que el engaño es a sí mismos?

El crecimiento de la economía en Estados Unidos se ha dado a un paso muy lento este año; las tasas de interés se mantienen altas y la guerra comercial con China sigue siendo la principal amenaza para los bolsillos de los estadounidenses. En México, contra todo pronóstico presidencial, el escenario no es mejor: Fitch Ratings redujo la calificación soberana de nuestro país, y Moody’s cambió nuestra calificación crediticia a una perspectiva negativa; a la par, analistas consultados por el Banco de México revisaron a la baja sus proyecciones sobre la economía nacional.

Me parece que todavía es temprano para aplaudir al cuerpo diplomático mexicano (que en la arena de la comedia sí rindió grandes frutos con el famoso “piensa, gracias” acuñado por Notimex, y las hazañas de #LordCacahuates). ¿Qué pasará cuando callen las campanas que hoy vuelan en ambas naciones? La resaca podría ser más fuerte de lo que ambos mandatarios quieren aceptar.

Mientras los presidentes de ambas naciones juegan al autoengaño, dejamos para nuestro Debate Puntual el seguimiento a la firma del TMEC, pendiente en ambos lados del Río Bravo. El tema migratorio también necesitará de paciencia, personal y presupuesto por parte del gobierno mexicano, y definitivamente no va a ser una ayuda inmediata para nuestra economía. En cuanto a la “corrupción tolerada” que mencionó AMLO en días recientes, incluso si fuera cierta su erradicación en tiempo récord, no apacigua las preocupaciones de inversionistas y calificadoras, que ven en la apuesta por la refinería en Dos Bocas y en el enfoque asistencialista -como prioridad por encima de la atracción de capitales- dos frenos importantes para alcanzar el prometido crecimiento de 4% sexenal.

martes, 7 de mayo de 2019

Benditas redes sociales

Fernando Hernández Marquina

Los llamamos bots y trolls, porque no tenemos sus nombres reales. Han tomado las redes sociales, especialmente Twitter, con avatares falsos, desde cuentas automatizadas, donde operan en grupo y, en escasas ocasiones, dedican sus publicaciones a intentar convencer: en general, apuestan más a los ataques acompañados de acusaciones viejas, recicladas, fotos con comentarios subjetivos que, curiosamente, añaden autenticidad a sus disparates.

Es indiferente si operan en Rusia o en Estados Unidos; si apoyan a AMLO o a la oposición; si están en contra de Bolsonaro o de Lula; a favor de Maduro o de Guaidó; si quieren derribar a Macron o desacreditar a los chalecos amarillos: su presencia es preponderante en internet.

Las redes se han convertido en una plataforma donde toda información es manipulable: pueden hacer que una noticia falsa se vuelva tendencia, crecer mediáticamente a un individuo en cuestion de horas, intimidar y agredir a quien opina de manera contraria a lo que el algoritmo les tiene programado, convertir en Trending Topic cualquier información… Los casos cada vez son mayores, y cada vez es más notorio que esa forma de manipulación se ha vuelto deseada y hasta indispensable para los aparatos políticos.

En otro Debate Puntual ya había compartido con ustedes mis inquietudes sobre estos grupos que abusan de la libertad de expresión (mienten constantemente y rara vez usan datos duros para respaldar sus ataques; dado su éxito, parece que no los necesitan) y dañan a la democracia puesto que su objetivo es desinformar.

Hemos visto personajes de distintas ideologías abandonar las redes sociales por causa de los abusos de bots y trolls. Coincido con su desesperanza cada que entro a las redes y veo que la “conversación” está tomada por perfiles que se esconden detrás de sobrenombres, imágenes genéricas, bios engañosas y sus publicaciones son sólo ataques y retweets de otras cuentas -muchas veces también falsas- que sirven para reafirmar su propio discurso.

Todos los conocemos, no son un problema de un solo partido ni de una sola ideología política. La hipocresía radica en cómo, siempre siguiendo su juego, las colmenas de cuentas falsas acusan a los otros, sus opositores, de ser bots o trolls, sin ellos mismos asumirse como impostores. Lo que tenemos hoy en día, probablemente, es una batalla entre agencias encargadas de encumbrar cada una el punto de vista de quien las contrata, y no manifestaciones reales de ciudadanos interesados en el presente nacional.

Me preocupa que las redes sociales, en particular Twitter, han sido incapaces de detener la proliferación de estas cuentas. ¿Hay un negocio para los gigantes de Silicon Valley detrás de estos grupos golpistas? Con el conocido impacto que tienen sobre las democracias, no dudo que así sea.

En México, este domingo vi la lucha entre bots a favor y en contra de la Marcha del Silencio. En Estados Unidos y Canadá, con elecciones venideras, la injerencia rusa a través de estos mecanismos preocupa una vez más en cuanto a su efecto en los resultados de las contiendas. En Brasil, quienes temen una nueva dictadura se enfrentan a diario contra los otros, llamados peyorativamente bolsominions, férreos seguidores del polémico presidente.

En todos los casos, estas cuentas se han enquistado en las democracias, su poder es real e innegable, y sus consecuencias profundas todavía están por verse. Al juego de la hipocresía se suman también las redes sociales que están permitiendo estos abusos constantes. Si bien Facebook incorporó hace poco una política para frenar la discriminación y, particularmente, la proliferación de grupos de ultraderecha, parece que no han encontrado la forma de frenar la información falsa, sin fundamentos, ni los ataques contra usuarios reales por parte de bots.

El Debate Puntual de hoy se queda sólo con preguntas e incertidumbre: ¿hasta cuándo veremos verdaderos protocolos de autenticación para las cuentas de redes sociales? ¿Cuándo volverán a ser territorio ciudadano y no plaza en guerra peleada por intereses políticos y económicos? ¿Cuándo, como sociedad, retomaremos nuestro lugar en la democracia?

martes, 30 de abril de 2019

Muerte en el Metro: ignorancia, desinterés, desconfianza

Fernando Hernández Marquina

La semana pasada, los capitalinos seguimos con pesadez e impotencia la noticia de una mujer que falleció después de permanecer alrededor de 26 horas al exterior de la estación Tacubaya del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México.

El lamentable caso ocurrió en febrero, sin embargo, un reportaje del Reforma le dio seguimiento al hecho y descubrió lo que podría calificarse como una serie de malas decisiones, falta de protocolos o ignorancia de los mismos, desinterés institucional y desconfianza ciudadana.

Me impactó que un caso como éste pasara desapercibido durante más de dos meses y que, sólo después de que se expuso de manera masiva, obtuvimos declaraciones oficiales de la Jefa de Gobierno, del titular de la SSPC y de la directora del Metro, mostrando lo que parece un alarmante desinterés por la vida de los habitantes de esta ciudad.

A las 07:15 del sábado 16 de febrero, la señora María Guadalupe Fuentes Arias, víctima de esta cadena de errores y omisiones, sufrió un desmayo dentro de la mencionada estación Tacubaya. Elementos de la Policía Bancaria e Industrial -usualmente asignados para el cuidado y vigilancia dentro de las instalaciones del STC- la llevaron a un cubículo de la jefatura de estación.

Ahí, se esperó hasta las 08:55 que hizo su aparición una unidad de Protección Civil de la alcaldía Miguel Hidalgo, misma que valoró a la señora Fuentes Arias y que diagnosticó que la paciente mostraba -según los paramédicos- signos de abuso de alcohol y uso de enervantes. Los encargados de brindar los primeros auxilios declinaron trasladarla a un centro de salud y sólo aplicaron suero.

Poco más de una hora después, con la mujer todavía inconsciente, los elementos policiacos procedieron a sacarla cargando de la estación y la abandonaron fuera de la misma. Ahí permaneció por alrededor de 26 horas, hasta que el domingo 17 fue trasladada a un hospital donde, desafortunadamente, falleció.

¡26 horas! Apenas puedo imaginar como una persona en estado de inconsciencia puede permanecer tanto tiempo en la calle, literalmente en el suelo, sin que ciudadanos o autoridades tomen acciones eficaces para ayudarla.

Un caso terrible y una pérdida humana innecesaria -una más en esta ciudad- que, además, quita el velo sobre aquello en lo que nos convertimos como sociedad. Los comerciantes y peatones que vieron a la víctima y que respondieron a los cuestionamientos de la prensa dijeron que se llamaron a ambulancias -no se puede confiar en dichos testimonios si en 26 horas no apareció una ambulancia para auxiliar a una paciente- y, además, aseguraron que nadie quiso intervenir porque no querían ser culpados de lo que le ocurría a la señora.

Autoridades y ciudadanos que no actúan son síntoma de una seria descomposición en el país. Los altos niveles de inseguridad y violencia han normalizado las muertes y las desapariciones, al tiempo que el alza de distintos delitos mantiene a la ciudadanía a la defensiva porque todo es una potencial trampa para ser estafado, robado o acusado de algo que no se ha cometido.

En ese escenario, se vuelve “normal” que haya un cuerpo tirado en la calle por horas. Tratar de ayudarlo puede ser perjudicial para todos los involucrados, o al menos así hemos aprendido a verlo.
Sin duda, este caso es una llamada de atención al gobierno de la ciudad y a las autoridades involucradas, pero la alarma más urgente debe ser para los ciudadanos. No podemos seguir fomentando el desinterés en el otro, ni la desconfianza que es muy comprensible pero que nos ha convertido en potenciales enemigos, por lo menos en el imaginario, muchas veces sin razones reales como base.

A veces, sumergidos en la cotidianidad, nos perdemos en debates políticos inertes, en peleas absurdas entre iguales. Queremos un gobierno y un país de primera, pero nuestro comportamiento como ciudadanos no se ajusta a nuestras expectativas. Queremos que todo cambie, pero no estamos dispuestos a dar los primeros pasos, ni el seguimiento necesario para asegurar que las cosas mejor para todos.

Nuestro Debate Puntual de esta semana debe centrarse en nuestro comportamiento dentro de la comunidad y de la sociedad. ¿Queremos cambios profundos? ¿Queremos un mejor gobierno?, ¿un mejor país? ¿Queremos mejores servicios?, ¿mejores servidores públicos? Como ciudadanía, ¿qué estamos haciendo para ganarnos el derecho a exigir todo eso?

No merecemos vivir en medio de la violencia normalizada ni con las consecuencias que eso trae a nuestras vidas diarias, incluidos el desinterés y la desconfianza en el prójimo. Al mismo tiempo, no podemos negar que hemos dejado crecer la polarización y la insensibilidad. Si nos apartamos de nuestro deber en la construcción del entramado social, no importa quién nos gobierne, ni sus capacidades para gobernar: seguiremos contando historias lamentables que podrían haberse evitado.

lunes, 22 de abril de 2019

La tragedia convoca, la unidad resuelve

Fernando Hernández Marquina

En las últimas semanas, los hechos que ocurren en el mundo nos han recordado que, en los mejores escenarios, después de la tragedia vienen importantes muestras de solidaridad, apoyo y unidad.

El primer ejemplo lo vimos con el lamentable incendio de la catedral de Notre-Dame, en París. Sin bien se tuvo la fortuna de no contar con pérdidas humanas, el simbolismo histórico que envuelve a ese recinto, así como los bienes artísticos y culturales que alberga, se vieron afectados en un porcentaje importante por las llamas. La tragedia convocó a millones de personas en todo el mundo que mostraron su solidaridad con los parisinos y, rápidamente, se contó con la promesa de recursos suficientes por parte de personas, empresas y gobiernos para restaurar uno de los emblemas de la Ciudad de la Luz.

El segundo ejemplo, mucho más doloroso, es la cadena de atentados en Sri Lanka, los más violentos desde el fin de la guerra civil que vivió ese país. Al cierre de esta columna, se contaban más de doscientas víctimas mortales como resultado de los recientes hechos trágicos. En esta ocasión, fueron los líderes de distintas naciones quienes mostraron su apoyo a los ceilandeses y sus condenas contra la intolerancia, el odio religioso y los ataques perpetrados en nombre de doctrinas e ideologías.

En México vivimos también esa convocatoria tras el sismo del 19 de septiembre de 2017. Ciudadanos, gobiernos federal y locales, gobiernos y ciudadanos extranjeros, todos mostraron su solidaridad con los afectados por la devastación. Por supuesto, los mexicanos dimos grandes muestras de lo que podemos lograr en unidad.

Este fin de semana, noticias como la matanza de Minatitlán o el asesinato del muralista potosino Héctor Domínguez a manos de un grupo de hombres armados nos recuerdan que tenemos muchos temas no resueltos en nuestras vidas cotidianas, y es trabajo de todos encontrar respuestas para frenar aquellos hechos que ensombrecen la vida de millones de mexicanos.

Parece que, en todo el mundo, nos hace falta saber cómo sacar el mayor provecho de la unidad. Las ideologías religiosas, políticas y hasta culturales suelen ser suficientes para separarnos en grupos, en clases, en niveles. A partir de esa separación, se suele generar cierta desconfianza y hasta miedo hacia el otro, el que piensa diferente, el que cree en algo distinto, el que actúa fuera de la norma de cierto grupo. Las consecuencias de llevar esa desconfianza y ese miedo al extremo las vemos, tristemente, de forma continua en noticias que llegan de todo el globo.

Parece que olvidamos (o no hemos sabido asimilar) que la unidad es la que lleva a la construcción y reconstrucción de las civilizaciones. En México, eso quedó muy claro después del terremoto de 1985. Los esfuerzos de unos pocos habrían sido insuficientes para salvar vidas, para levantar nuevas viviendas donde quedaron toneladas de escombro. Sin embargo, en el día a día, parece que necesitamos esos recordatorios, terribles y dolorosos, para reconocer que es a través de la unidad que podemos caminar hacia el futuro de las naciones y del mundo entero.

Parece que, con la hiperconectividad global, se vuelve más evidente cómo la multiplicidad de ideologías y la falta de respeto y tolerancia hacia el otro atentan cotidianamente contra lo que se supone que construyen la modernidad y las democracias. En un sentido, es positivo que podamos conocer en segundos sobre las transgresiones basadas en la intolerancia y el miedo que se dan en todo el mundo, si es que eso nos puede llevar a prevenirlas, evitarlas y erradicarlas. Por otro lado, no hay muestras claras de que, como humanidad, seamos completamente capaces de encontrar soluciones para que dichas acciones no sean parte de nuestro presente.

¿Por qué seguimos sin involucrarnos activamente en el mejoramiento de nuestras comunidades? ¿Por qué insistimos en ser parte de las divisiones o de las omisiones que derivan en actos lamentables? A veces olvidamos que, sí, necesitamos líderes que sepan actuar de forma rápida y eficaz frente a los acontecimientos emergentes, así como líderes que sepan unir los esfuerzos y las voluntades de los ciudadanos en busca de un bien común. Olvidamos también que no siempre es bueno depender del líder, cuando la comunidad puede unirse y buscar respuestas prontas, viables, eficientes y, por supuesto, legales a los problemas que enfrentamos día con día.

Como en otras entregas anteriores de nuestro Debate Puntual, los invito a reflexionar sobre el papel de la ciudadanía en el devenir del país y de la humanidad. No somos ajenos a nuestras comunidades, sociedades ni democracias. De nada sirven numerosas muestras de apoyo externas si, cuando debemos atender los problemas, somos incapaces de trabajar juntos y caminar en la misma dirección. Es hora de que pensemos y dialoguemos sobre cómo fomentar la unidad que nos llevará a enfrentar las emergencias, evitar las tragedias y, cada día, reforzar las bases de nuestro futuro.

martes, 9 de abril de 2019

Las obsesiones de Donald Trump

Fernando Hernández Marquina

¿Cuáles son las cualidades que debe tener el presidente de una nación? Si se hiciera una encuesta entre sus gobernados, lo más probable es que “determinación” llegaría a las primeras diez respuestas más repetidas por las personas entrevistadas. La determinación, en su acepción positiva, se relaciona con la persecución de una meta, la perseverancia, el trabajo duro y el esfuerzo sin tregua, cualidades que debería tener cualquier líder.

Pero, ¿cuáles son los límites de la determinación? ¿Cómo saber cuando se transforma en terquedad, obstinación u obsesión? Los límites son difusos y no es extraño que, pasado el encanto de los primeros meses o años de gobierno, las decisiones de un gobernante pierdan sentido paulatinamente para algunos sectores de la población y comience a hacerse latente el descontento público frente a lo que parecía determinación pero se convirtió muy rápido en necedad.

En esa línea avanzan las decisiones que el presidente Donald Trump ha tomado en los últimos meses con respecto al flujo migratorio que tiene como destino Estados Unidos. Hasta el día de hoy, no logra un consenso entre congresistas ni ciudadanos para respaldar sus propuestas orientadas a enfrentar la migración ilegal que, según sus ideas, ha colmado su país.

Conocemos el discurso de Trump. División, xenofobia, miedo, realidades alternas y un deseo patológico, casi infantil, de salir bien librado de cualquier comentario dicho o de cualquier decisión tomada.

El presidente nunca tiene la culpa. Si algo no avanza dentro de su gabinete, la culpa es de alguno de los funcionarios a quien exigirá su renuncia cuando menos lo espere. Si el Congreso es incapaz de conseguir los fondos necesarios para la construcción del infame muro, la culpa es de un Partido Republicano que no es capaz de negociar con la oposición, y de un Partido Demócrata que no entiende las emergencias declaradas por el mandatario. Si los migrantes latinoamericanos llegan hasta la frontera sur de Estados Unidos, es culpa de México, que no hace lo suficiente por frenar el avance de las caravanas.

Lo sabemos desde 2016: Donald Trump quiere reelegirse. Hace 3 años le funcionó a la perfección inspirar miedo en los electores, jugar con la xenofobia estadounidense latente desde el 9/11, ofrecer seguridad a una población que tiene miedo de los extranjeros a pesar de contar con arsenales personales dentro de sus propias casas.

El punto que debemos tener en cuenta es cómo reaccionarán los estadounidenses, en particular los congresistas, frente al discurso político de Trump que, ya en campaña, delinea nuevos cambios en la política migratoria, y amenaza (un día sí y el otro también) con cierres fronterizos, fortalecer la militarización de la frontera o, las más recientes: más aranceles a automóviles provenientes de nuestro país, la reubicación de 750 agentes en la franja fronteriza, y la imposición del lapso de un año para que México logre frenar la migración masiva (sobra decirlo: un año en el que el tema migratorio será constante en su discurso, junto con las amenazas y las medidas efectistas que puedan generarle más votos).

En un Debate Puntual es posible identificar temas que deberían ser prioritarios en la agenda presidencial pero que quedan en segundo plano por la determinación de Donald Trump por ganar las elecciones venideras (con la misma fórmula que lo llevó al triunfo en 2016). Como suele ocurrir en estos casos, para muchos de los observadores estadounidenses e internacionales es cada vez más difícil encontrar la frontera entre las obsesiones y la determinación del mandatario.
 
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